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Jornadas de zarzuela 2016


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El sobre verde

La zarzuela jazz está aquí
Benjamín G. Rosado

No imaginaba Nacho de Paz (Oviedo, 1974) que una zarzuela pudiera albergar ritmos de tan diversa procedencia como en El sobre verde (1927) de Jacinto Guerrero. Que es mitad revista musical, mitad mapa de los sonidos de una época: la del chotis más castizamente madrileño, la del charlestón de los desinhibidos años veinte americanos y la del no menos bailable y apasionado tango costeño. Pero no solo: también respira bocanadas de blues y jazz este “sainete con gotas de revista en dos actos” con el que el maestro toledano se propuso radiografiar aquellos años dorados e ingenuamente felices en los que la música popular aún no conocía fronteras.

Se trataba, una vez más, de recuperar una partitura olvidada y de reestrenarla en clave contemporánea de acuerdo a los gustos del público actual. Por eso Nacho de Paz ha asumido esta nueva aventura zarzuelística como ya hizo con El terrible Pérez, El sapo enamorado y El corregidor y la molinera, esto es, planteando el trabajo desde cero. “El reto era fundamentalmente estilístico, pues El sobre verde es un híbrido de influencias de raíz popular, tanto españolas como extranjeras”, cuenta el director asturiano. “Sin embargo, tras escuchar una grabación de la época y analizar la partitura me di cuenta de que la parte más jazzística se resentía de los estándares interpretativos de las orquestas de zarzuela decimonónicas”.

Fue por eso que la Fundación Jacinto e Inocencio Guerrero, en colaboración con el Centro de Documentación y Archivo (Cedoa) de la SGAE, le encargó un arreglo instrumental de la partitura original a la manera de jazz-band. “Me inspiré en las agrupaciones de Nueva Orleans y Chicago para tratar de exprimir al máximo los recursos de la partitura que tienen que ver con las danzas de moda que venían de América: el charlestón, el foxtrot, el one-step…”. Frente a la nutrida orquesta que estrenó El sobre verde en el Teatro Victoria de Barcelona en 1927, el director dispondrá de sólo once músicos. “Hemos trabajado la parte melódica y armónica de la partitura, pero sobre todo la tímbrica porque nuestro objetivo es sacarle todos los colores posibles”.

No es la primera vez que Nacho de Paz se pone al frente de una jazz-band. “Dirigí mucho Kurt Weill en Alemania, sobre todo La ópera de los tres peniques, que se estrenó un año después que El sobre verde. Cuando me sumergí en el universo Guerrero me di cuenta de que las orquestas sinfónicas de zarzuela de principios del siglo XX sonaban un poco planas y muy parecidas entre sí. Sin embargo, al hacer el trasvase de la partitura de El sobre verde a la jazz-band comprendí que todas esas influencias foráneas estaban ahí, latentes, sin necesidad de falsear o añadir nada de mi propia cosecha. No he cambiado un solo compás, aunque he partido de una premisa valiente: que hay mil formas de abordar una misma nota”.

En los 18 números musicales adaptados al jazz por Nacho de Paz para las cuartas Jornadas de Zarzuela de la Fundación Guerrero, encontramos un generoso surtido de efectos (walking bass, squeeze, shakes, slides, falls…) y varios tipos de sordinas en los instrumentos de metal. Ha incorporado también un banjo, una batería y una steel guitar al estilo hawaiano. “Por eso era tan importante para mí trabajar con músicos curtidos en el repertorio contemporáneo, pues son los que mejor partido saben sacar a sus instrumentos”. Reconoce, además, haberse permitido algunas licencias. “En el “Chotis de la garçon”, por ejemplo, alterno la estructura castiza del baile madrileño con recursos cromáticos más cercanos al swing y al ritmo de la batería con escobillas”.

El montaje escénico que se estrena el 1 de octubre en el Teatro Auditorio de Cuenca corre por cuenta de Alberto Castrillo-Ferrer (Zaragoza, 1972), que es también autor de la nueva versión del libreto original de Enrique Paradas y Joaquín Jiménez. “Ésta es mi primera experiencia en una producción de zarzuela, pero ya antes había dirigido musicales, como Cabaré de caricia y puntapié”, cuenta el director y actor, para quien El sobre verde combina magistralmente lo mejor del sainete castizo y los grandes cuadros de la revista de influencia parisina. “Estamos ante un maravilloso juguete escénico que mezcla tradición y modernidad en clave de zarzuela. El libreto es una caja de sorpresas donde tiene cabida tanto el humor frívolo y el erotismo como un retrato fiel del género humano, con sus luces y sus sombras”.

El protagonista de la obra, Don Nicanor, es un golfo al que le duele España en lo más profundo de su desidia. Su apatía, sin embargo, no le impide fantasear con dos vigésimos de lotería de Navidad que guarda en un sobre verde. “El dinero marca el compás de nuestros sueños y esperanzas, pero también de nuestras frustraciones. El premio gordo al que aspira Nicanor sirve de macguffin argumental para hablar de lo que somos y de lo que podríamos llegar a ser si nos lo proponemos”. También Castrillo-Ferrer ha reconocido los hilos del destino en este proyecto. “Mi infancia transcurrió en el barrio zaragozano de La Jota, justo enfrente de la calle Maestro Guerrero. Siempre sentí curiosidad por la música que compuso, pero no ha sido hasta ahora que he tenido la oportunidad de familiarizarme con ella. Supongo que habrá sido un guiño del destino”.    

Llena de intriga y flashbacks, El sobre verde transcurre en varios espacios a modo de telones, un recurso habitual de la época en que fue estrenada: primero en una calle de Madrid, luego en la Casa de la Moneda, más tarde un fantasioso palacio, también en una corrala y finalmente en una ancha avenida de Nueva York. Sin embargo, Castrillo-Ferrer ha concentrado toda la acción de la obra en un teatro, lo que da pie a lecturas metaargumentales que desdibujan los límites de la realidad y la ficción, muy al estilo de La rosa púrpura del Cairo de Woody Allen. “En mi adaptación, Nicanor no se queda dormido en la calle, sino en el teatro, que es donde le interroga la diosa Fortuna. Entonces Nicanor nos regala una demoledora confesión: ‘España y yo somos así, señora. Todo lo tomamos a juego. Hasta la miseria”.

Se ha propuesto el director reconciliar al público con la zarzuela y ayudar a revitalizar un género que no goza del suficiente reconocimiento. “Todo el proyecto de El sobre verde, desde la concepción escénica hasta la dirección musical, está planteado en clave de desencorsetamiento, pero sin dejar de ser fieles al libreto y a la partitura originales”. Y equipara cualquier adaptación moderna de zarzuela a las más habituales y no menos rompedoras aproximaciones al teatro total de Brecht, las tragedias de Shakespeare o los clásicos de Esquilo. “El teatro ha de conjugarse siempre en presente, en la convicción de que toda tradición requiere necesariamente de un talante innovador”. Y avisa: no hay final moralizante para El sobre verde. “Como director, y también como actor, siempre me ha dado pena que Don Juan se arrepienta”. ¿Lo hará Don Nicanor?
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